El éxito lo alcanzan y lo mantienen aquellos que lo intentan y lo siguen intentando.
Success is achieved and maintained by those who try and keep trying.

W. Clement Stone

Cuando leo esta frase, siempre me acuerdo de los grandes inventores y creadores de la humanidad, pero también de los migrantes que abandonan su hogar en busca de una vida mejor.

James Dyson, inventor de la tecnología ciclón para aspiradoras

Para unos, el éxito comprende la creación perfecta de un producto o invento que realmente satisface una necesidad o resuelve un problema.

Migrantes en medio del Mar Mediterráneo

Mientras tanto, para otros el éxito significa mejorar, llegar al destino, integrarse en una sociedad nueva y cubrir sus necesidades básicas.

El éxito, una misma palabra, distintos significados.

Para mí, la palabra éxito va unida a la historia de la persona, a su entorno y a la situación real que esté viviendo en ese momento concreto.

Desde mi punto de vista, tener éxito o alcanzar el éxito tanto a nivel personal como profesional, no es solo conseguir aquello que te propones, es mucho más. Con los años, las experiencias vividas en primera persona y los aprendizajes de la vida, te vas dando cuenta de que para ser una persona exitosa, tienes que cumplir ciertos requisitos (los ordeno cronológicamente):

  • Ser consciente de la existencia de un conflicto interno, asumir que existe un problema o una necesidad real.
  • Sentir un deseo intenso de querer cambiar tu situación actual, de cubrir esa necesidad y/o solucionar ese problema.
  • Identificar los motivos reales por los que quieres resolver ese conflicto y cambiar tu situación actual. Anotarlos en un lugar bien visible para leerlos y recordarlos de vez en cuando, te resultará muy útil en los momentos de bajón.
  • Definir un propósito y ser consciente del punto de partida. Todos los grandes proyectos se iniciaron en un punto de partida, con la mirada puesta en un destino concreto.
  • Investigar para encontrar la auténtica raíz del problema, las causas reales.
  • Investigar y analizar las diferentes vías existentes para la resolución del conflicto.
  • Calcular cuánto cuesta. Hacer una estimación de los costes personales, materiales e inmateriales que supondrá llevar a cabo el proyecto.
  • Decidir. Elegir cuál es la manera más rentable, eficiente y sostenible de resolver el conflicto.
  • Diseñar un plan de acción y una Hoja de ruta, explicando en ese documento qué vas a hacer para resolver el conflicto, cómo lo vas a hacer, cuándo es el mejor momento para cada tarea, dónde tendrá lugar y quiénes serán los compañeros adecuados para el viaje.
  • Pasar a la acción y hacer lo que dices. Tener voluntad propia, intención y compromiso suficiente para ser capaz de renunciar a otras necesidades y abandonar otros proyectos, centrando así todos tus esfuerzos en la realización de las tareas que requiere el proyecto actual.
  • Constancia y dedicación, pero no obsesión suicida. Es mejor intentarlo y dejarlo en un momento inteligente, que empecinarse y morir en el intento.
  • Aprender a “leer el partido”. Una retirada a tiempo, también es una victoria. Darte cuenta de que seguir adelante supone más perjuicio que beneficio, también significa tener éxito.
  • Ser fiel a tus principios y valores. Recordar y respetar tus valores te ayudará a sentirte orgulloso de quién eres y del auténtico significado de tus acciones 
  • Identificar el momento adecuado para resolver el conflicto. Al igual que en una partida de ajedrez, hay que saber interpretar la situación para mover la pieza correcta en el momento oportuno. Las decisiones acertadas también son sinónimo de éxito.
  • Actitud positiva. Todas las situaciones tienen una lectura positiva y negativa. Quédate siempre con aquello que te sirva para acercárte a tu propósito y deja a un lado del camino las piedras pesadas e innecesarias.

A veces conseguirás tu propósito y otras no. Por eso, el simple hecho de intentarlo ya es todo un logro equivalente a tener éxito.

Recuerda siempre los motivos por los que decidiste que valía la pena intentarlo. Esa será la fuerza que te empuje y te mueva cuando más lo necesites.

Por ejemplo, si te encantan las magdalenas de chocolate, y las visualizas en tu imaginación cuando tienes mucha hambre, muy raro será que en tu cerebro no se activen inmediatamente todos los mecanismos necesarios para resolver ese conflicto de necesitar esa comida para saciar el hambre. Si a esa sensación de necesidad le sumamos el deseo de degustar esas texturas suaves y cremosas y esos sabores dulces e intensos que tanto te gustan, es muy probable que tu mente asuma los esfuerzos necesarios para que tu cuerpo se mueva rumbo a la cocina, al supermercado o donde interprete que es el destino más rentable, eficiente y sostenibles para resolver el conflicto y satisfacer esa necesidad.

Por lo tanto, podemos pensar que cuanto mayor sea la intensidad del deseo y la sensación de necesidad, mayor será la probabilidad de que se resuelva el conflicto.

Para terminar, te dejo por aquí unas preguntas que te ayudarán a reflexionar:

  • ¿Un niño que está aprendiendo a andar y por fin lo consigue ha tenido éxito?
  • ¿El niño era plenamente consciente de que quería andar y necesitaba resolver ese conflicto?
  • ¿Es un éxito del niño, de los padres que le han enseñado o de ambos?
  • ¿La perfección existe?

Espero que el artículo haya sido de tu interés y te haya aportado algo, si así es, házmelo saber con tus comentarios para escribir más artículos similares.

Por cierto, ¿has ido a la cocina o al supermercado a por tu magdalena de chocolate? 😉

Author: Jorge Aguilera

"Trabajo con personas que se esfuerzan a diario por construir una sociedad más humana a través de proyectos sostenibles que respiran arte, cultura y naturaleza." Expreso lo que pienso para sentirme libre.

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